Aquel invento del profesor Bacterio

Opinión 25 de febrero de 2022 Por Dani Vivar
Ayer comenzaron las lluvias tras demasiado tiempo de sequía. Y digo "demasiado" porque esto no se ve desde hace décadas
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Terreno árido. Foto: Pixabay

En una de las películas de Mortadelo y Filemón (separándolas claramente de las maravillosas obras de Ibáñez), el científico de la agencia, el profesor Bacterio, creaba una máquina que podía cambiar el clima y terminar con la sequía. Teniendo en cuenta las irónicas desdichas que sufrían normalmente los personajes de este cómic, se podía prever que no terminaría todo bien. La máquina terminó por hacer desaparecer todo el agua del planeta, por lo que pasó a ser un bien de lujo. Casi como ahora.

En Málaga hace años que no ocurre una sequía como esta: en algunos medios dicen que desde el 2008; en otros, que ha registrado el peor índice de sequía de España en los últimos seis meses; otros, que hace 80 años que la provincia no registra valores de precipitación tan bajos. Y en varias regiones (algunas ya están en ello) plantean multar a los ciudadanos por usar demasiado agua, cada vez menor en las reservas locales.

Los agricultores se están impacientando y muchos están acumulando deudas y gastos, mientras ven cómo no se hace nada. Las medidas tienen que llegar de la clase política. Su inactividad a lo largo de los años ha hecho que la situación empeore en el sector.

El calor tampoco ayuda. Es un aviso de lo que nos puede deparar en verano, de hecho. Pero en un grado superior. En esta época, deberíamos estar ataviados con medias y chaquetones, y en cambio, ni la camiseta interior quiere saber de nosotros. O nosotros de ella.

Todo esto, cómo no, surge de lo que ya llevan estudiando los meteorólogos, ambientólogos, científicos y compañía desde hace años: el cambio climático. No voy a decir nada que no sepamos ya. Tampoco instaré a la gente de a pie a que recicle, reutilice y reduzca porque ya estamos enterados y en buena medida lo hacemos. O nos cuasi-obligan a hacerlo, ya sea encareciendo las bolsas de plástico, cambiando el tipo de pajitas en restaurantes, creando envases reutilizables o biodegradables... Y oye, no seré yo el que señale esto porque lo veo como pequeños avances.

Lo que está claro es que la cantinela que viene desde las élites, desde asociaciones, desde gobiernos o grupos empresariales enormes ya no sirve. No es de recibo que los magnates de turno lancen campañas sobre cuidar el planeta y su industria contamine más que cinco países. Tampoco lo es que insten a cambiar el mercado del automóvil al uso de vehículos eléctricos cuando está demostrado que contaminan de forma similar que los convencionales, sin hablar del material necesario para su construcción y que se extrae de lugares empobrecidos.

No se puede señalar con el dedo a la gente y dejar que aviones vacíos hagan viajes para preservar licencias. Que la industria petrolífera sea de las más dañinas con el mar. Que la forma de obtener carne sea tan perjudicial para el planeta. No se puede porque no tiene sentido. Y nos quieren hacer parecer los culpables.

¿Una solución? Luchar por lo nuestro. A corto plazo, tirar de la oreja de una vez a los encargados de esto y, si se precisa, expulsarlos de su silla. A largo plazo, cambiar nuestro estilo de vida a uno más respetuoso con el medioambiente. Ambas son fáciles sobre el papel, pero hasta que no se intente no se sabrá. Eso o inventar la dichosa máquina.

Dani Vivar

Nacido en Málaga en el 2000. Estudia Periodismo en la UMA , participa en Radio Campus UMA para COPE y escribe en Malagaldía, AxarquíaHoy y en su blog: "El desván del mensajero".

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