Los apestados

Opinión 22 de diciembre de 2021 Por Dani Vivar
A veces España huele un poco a oportunismo y otras veces a egoísmo. Me da la sensación.
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Suministro de vacunas de la COVID-19. Foto: Pixabay.

Parece el título de una obra de teatro, tipo “Los miserables”. Y no lo he elegido al azar. En diversos puntos de España el término se está concentrando en una parte de la población específica: los no vacunados.

No hablo de los antivacunas, que es caso aparte. Hablo de las personas que, por algún motivo concreto, no han querido inocularse con las dos dosis (tercera en camino para mi edad) de la vacuna contra la COVID-19.

Hay que tener clara una cosa: no se puede obligar a nadie, de forma directa o indirecta, a hacer algo que no quiere. Vivimos en un país democrático, regido por una Constitución con obligaciones y derechos que pertenecen a toda la ciudadanía española.

El dilema del pasaporte COVID me parece algo desacertado. No por la medida, sino por querer introducirla en negocios concretos. Negocios que han tenido que agachar la cabeza para evitar medidas más severas.

Unos amigos debatían sobre si era ético implementarlo o no. No es ético. Lo es si vas a viajar fuera y un país extranjero, con sus leyes, te lo exige. Pero no aquí. Tanto en el aspecto constitucional como el social. No es justo.

Los noticieros abren con la problemática de que los no vacunados causan estragos, cuando España tiene una tasa de población vacunada con pauta completa del 82,52% (Fuente: Ministerio de Sanidad). Y es normal que sean los que más hospitalizaciones sufren. No obstante, y el adjetivo es horrible pero cierto, se les trata como apestados.

Al igual que tampoco es ético aceptar hojas de reclamaciones interpuestas a un local por cumplir con una medida que el propio Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha aceptado. No tiene sentido. Y no tienen más que tragar.

La esfera política se preocupa más en incentivar la Navidad. Nosotros, en disfrutarla. Sin pensar en las consecuencias.

Sin pensar en si cumple una discoteca las medidas COVID, si es aceptable permitir cenas multitudinarias con la que cae, si es lógico despedir a todo un tejido sanitario cuando luego lo tienes que recuperar, o si es coherente pagar por una suscripción en Twitch a cierto canal conspiranoico asentado en mentiras, entre muchas otras situaciones. Y mientras la luz, subiendo. Y yo, resfriado.

España parece una escena de Groucho Marx que no avanza. Una matrioshka rusa que no acaba. Y así nos va.

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